En el escritorio de mi casa, justo debajo de los papeles del trabajo, de la vida real, del hoy, tengo un cajón, un cajón destartalado y medio roto que guarda muchísimas cosas. Ayer decidí volver abrirlo, y lo que me encontré me gustó. Me gustó tanto que aún hoy reviso su contenido. En ese cajón no solamente hay fotografías antiguas, regalos inesperados y algún que otro pensamiento que terminó, sino también hay sensaciones aparentemente muertas, consejos que no llevaron a buen puerto y errores magníficos de adolescencia. Ese cajón es lo que me recuerda cada día que sigo siendo como era, que soy alguien que no cambió, ese chavalote que amó, ese chico que sintió las cosas como vinieron.
He cerrado el cajón, y he salido de mi casa. Suena por mis cascos La chica de ayer y a continuación Wig in a box, de la película Hedwig and the angry inch, ¿es un mensaje? ¿es quizá una burla del destino? No lo sé, solo se que esas canciones me devuelven a ese cajón, pero por otra parte sigo creciendo, aprendiendo, sintiendo cosas nuevas... Puede ser que sea que mañana las cosas vuelvan a ser tan sencillas como en aquél cajón del que nunca debí salir...
sábado 10 de abril de 2010
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