Cuando tuve cierta edad valoré y creía en algo que los demás veían de una forma diferente, mal creyeron ellos. En la tele, el papel del "pringao" fue parecido al mío, aunque yo fui feliz, en el cine, fue una situación de risa, yo no lo entendí nunca, siempre había sido feliz.
Acabe cediendo a la guerra mediática que hubo contra mí y me enfrenté a los Ocassional Moments, parejas de barra de bar, amor de una noche y móviles que fueron fechas de caducidad. Un Don Juan, un triunfador. Estuve al borde del triunfo, todos me envidiaron, todos me miraron e intentaron imitar. Aunque al tiempo, descubrí que el oro que me quisieron vender, no fue más que monedas de chocolate... Usé tanto la forma que al final de tanto usarla me quedé solo.
Soledad que me acompañó unos años hasta que volví a sentir lo que tuve a cierta edad, aunque a esas alturas ya fue tarde, mi madurez y pies en la tierra fueron lastres que me impidieron soñar. Me convertí en la tele, en el cine, en aquellos papeles televisivos que fueron en su día los triunfadores.
Me quedé solo, no concebí las cosas y maduré confuso. En un Ocassional Moment me convertí en aquel pringao, no llego a ser amor de una noche, pero pudo haber sido. Bajo la sobredosis de aguas permitidas caí en ella.
Y mi soledad, aumentó... cada palabra, cada dicho, cada gesto, suponen ahora un todo.
El destino tiene un plan para cada uno de nosotros, aunque no nos guste.
miércoles 2 de junio de 2010
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